MICHAEL URTECHO MEDINA
“El ser humano vale por lo que tiene
en su mente y corazón”,
esta fue la frase que caló en mi corazón
para levantarme cuando sucumbía
ante la depresión en mis años de adolescencia.
Dicha la mía, ahora sí puedo decirlo, que dentro de un millón de
personas Dios me hizo especial. Nací con sobre peso, en mi infancia fui gordito
y mis padres pensaban que por eso no podía caminar, pero ya pasaba los cinco
años y nada.
Mi familia y yo aguardábamos la esperanza, de doctor en doctor,
de santo en santo; ellos hacían todo lo posible para que su único hijo varón
pueda caminar. Hasta cuando tuve 7 años y recibimos el duro golpe, pues llegó a
Trujillo un grupo de médicos procedentes de Estados Unidos, me revisaron y
dieron el diagnóstico: Hipotonía Muscular
que viene hacer una distrofia muscular, se trata de debilitamiento de todos
los músculos y es irreversible, este es el motivo que me impide, entre otras
cosas, mantenerme de pie y caminar.
Entonces, mi familia y yo debíamos prepararnos para todo lo que
vendría en el desarrollo de mi vida, tendría que convivir con ella hasta el
último día, y eso hicimos.
A mis ocho años no tenía una vida en sociedad y no iba a la
escuela, aprendí a leer y a escribir gracias a mi tía Magna; pero fue aquí
cuando decidieron matricularme en un colegio cercano, rendí el examen, aprobé y
logré matricularme inclusive en un año superior al que me correspondía por mi
edad.
En el colegio pasé una serie de vicisitudes, mi madre me llevaba
y regresaba a diario en mi triciclo, recuerdo
que una vez me encerraron en el aula y en otra ocasión me amarraron las
manos y los niños se burlaban, ahora creo que fue producto de las creencia
erróneas inclusive de los profesores.
Luego, en mi adolescencia, aquí si fue más difícil pues era la
edad donde se quiere hacer tantas cosas y yo no podía. Caí en una depresión, no
quería hacer nada, hasta que cierto día un médico amigo de la familia habló a
solas conmigo y me dijo:
“El ser humano vale por lo que tiene en su mente y corazón”, esta
fue la frase que caló en mi corazón, de allí en adelante ocurrió un cambio
radical en mi vida. Hasta ocupé el tercer puesto en toda la secundaria, me
volví más sociable, tuve más amigos; no obstante aún pasaba momentos tristes
como el no poder ir a mi viaje y fiesta de promoción, pero superables.
Ya en la etapa de estudiar una profesión tuve que decidir por
una, al principio quise estudiar medicina pero lamentablemente ejercerla en el
Perú para mí no era posible, así que decidí estudiar ingeniería química que
tenía relación con los insumos farmacéuticos que me gustaban. Como verán siempre
hay una opción factible para nosotros. Ingresé en la universidad en la carrera
profesional de ingeniería química, aquí mis amigos y mi memoria fueron unos
buenos aliados para sobrellevar los obstáculos que se presentaban, uno de ellos
la accesibilidad. Logré graduarme en el
tercer puesto y luego llevé una maestría, caso curioso que aquí mis compañeros
habían sido mis profesores. En esta etapa gane una maduración integral.
Sin embargo, mi juventud tampoco fue fácil, a los 27 años tuve una
gran depresión sentimental, deseaba morir, estaba pensando formar un club de solteros,
imaginen. Pese a que había logrado ya ciertas cosas sentía un vacío; y por
aquellos tiempos me encontraba en mi primera campaña política y busqué una
iglesia, y fue cuando el ser más especial tocó a mi corazón, llegué a
A mi esposa la conocí en la iglesia cuando tenía 30 años,
Claudia Gonzáles Valdivia, al principio ella no me hacía caso y para llamar su
atención llevé a mi perro samoyedo pero graciosamente cuando se lo mostré, ella
me dijo que no le gustaban los perros y se fue. Sin embargo, no me di por
vencido e insistí de una u otra forma
porque vi en ella grandes cualidades, es
una mujer llena y temerosa de Dios, me cautivó su forma ser, su humildad y como alababa y predicaba.
Hasta que Dios me concedió ese gran anhelo, y empezamos una
relación conforme a los principios cristianos; primero tuvimos una amistad muy
especial, luego fuimos enamorados y novios, todo esto duró 5 años. No nos
pudimos casar tan pronto como quisimos porque yo quedé sin trabajo, sin embargo
esta adversidad nos unió más, nos hicimos comerciantes ambulantes en diversos
rubros, esto nos permitió moldear nuestro carácter y dejar el orgullo a un
lado, sabemos lo que realmente significa luchar por salir desde abajo y nos
sirvió para ser más humildes.
Luego, Dios permitió que nos desposáramos, Claudia es un regalo
de Dios para mi vida, ella me ayuda, anima todas las mañanas, con sabiduría
corrige mis errores; ella es el complemento que he necesitado para llegar hasta
donde estoy.
En el 2003, por mi valentía y perseverancia me atreví a
participar en el concurso anual de proyectos que organizó el Banco Mundial, con
el proyecto Panadería “EL PAN DE CADA DIA DE MANOS DE UN HERMANO DISCAPACITADO”
ocupando el tercer lugar. Este logro me permitió dar trabajo exclusivamente a
personas con discapacidad, siendo la primera en
En otro aspecto de mi vida, uno de mis grandes anhelos era ser
padre y a mis 38 años mediante una inseminación artificial, mi esposa y yo
fuimos los padres más felices, sin imaginar lo que vendría. Pensé haber pasado
los momentos más difíciles de mi vida, pues vencí todos los obstáculos
que se me presentaron, demostré y me demostré que mi discapacidad no truncaría
mis sueños y metas pensando que la discapacidad era mi gran verdugo pero me
equivoqué.
Entonces, el 14
de abril del año 2008 nacieron mis gemelitas, Ana Claudia y Ana Rebeca, pensé
que ya estaba en el paraíso, la felicidad embargaba mi ser y le agradecía tanto
a Dios porque me había dado el regalo más esperado por mí. Él me dio el honor
de tener a Ana Rebeca sólo 22 días inolvidables, luego se la llevo.
Indudablemente no hay palabras ni nombre para descifrar el dolor de perder un
hijo.
Mi bebé me dejo
la mejor enseñanza, al ver como se aferraba a la vida y luchaba para sobrevivir,
el valor de la vida. Éste fue el tiempo más difícil y doloroso que me tocó
vivir. Pero ahora sé que Dios tiene grandes propósitos, quizá todavía no lo
comprenda pero Dios permitiría que en cada día que pase pueda abrir los ojos y darme
cuenta porque sucedió. Hoy doy gracias a Dios por la linda familia que tengo,
con Claudia y Ana Claudia vivo los mejores momentos de felicidad, nos encanta
escuchar música y alabar a Dios juntos.
Y como la vida
continúa, las pruebas no faltan, hace pocas semanas me intervinieron quirúrgicamente
para sacarme la vesícula, aparentemente no es de complicación pero por mi
discapacidad resultaba de alto riesgo y no había precedentes, ante
interrogantes de cómo me pondrían la anestesia y cómo iba a responder mi
organismo, en especial mis músculos. Ingresé al quirófano con la enseñanza de
mi hija Ana Rebeca, gracias a Dios todo fue un éxito y mi recuperación más aún,
inclusive los doctores se sorprendieron.
Desde los 25 años continuamente me
preguntaba qué hacer para ayudar a mis hermanos discapacitados incluso se me
iba el sueño, y en mi corazón entendí de parte del Señor, enviar un correo
electrónico donde compartía mis logros, experiencias personales y les pedí que
tomen en cuenta el tema de discapacidad y mi deseo de ayudarlos de alguna
manera, estos emails fueron dirigidos a todos los políticos, congresistas y
autoridades de esos tiempos; me contestaron muchas personas, una de ellas fue
el ex congresista Antero Flores Aráoz, el propio Alejandro Toledo me llamó, aún
recuerdo su voz característica en el celular. Pero con quien más me identifiqué
fue con Rafael Rey Rey, quien es el Presidente de Renovación Nacional, el
partido donde empecé y continúo mi carrera política. Él viajó a Trujillo sólo
para conocerme y me dijo que le encantaría trabajar por la discapacidad; al
conocerlo me trasmitió confianza y seguridad.
Postulé al Congreso de
Confieso que durante el tiempo de trabajo en el Congreso he
vivido sentimientos encontrados, alegría y esperanza de constatar que desde mi posición
puedo hacer mucho bien a los peruanos, en especial a las personas con
discapacidad; ser testigo que empresarios, funcionarios públicos, trabajadores
de ONGs y otras personas de buen corazón estén deseosas de apoyar grandes
proyectos sostenibles a favor de las personas con discapacidad ¡cuánta
esperanza de vida ante un mundo donde a veces parece que predominara la
indiferencia e indolencia! Pero por otro hay en mi corazón cierta nostalgia por
no poder alcanzar totalmente a todos los hombres que están tan ávidos de
nuestras buenas obras y una acentuada tristeza al constatar cierta dureza en el
corazón de otras personas, que aún no entienden que la discapacidad nos compete
a todos, pues no somos ajenos a que un familiar o quien sabe nosotros mismos,
podamos adquirir alguna discapacidad.
Como verán Dios
me ha permitido pasar situaciones que me han dado la sensibilidad y
herramientas, mejor dicho me dio la oportunidad para entenderlos, para poder trabajar
por ustedes con la mayor identificación y vocación. Escribí estas memorias no
como político, pues no detallo mayores logros de ellos, sino lo hago como ser
humano con la finalidad de llegar a otro para mostrarle la realidad de una
persona con discapacidad, que a nosotros sólo nos falta oportunidades y un
espíritu de lucha, fe y perseverancia para realizarnos como cualquier persona exitosa
sin discapacidad. Hoy puedo decir que ante las oportunidades y ese espíritu
toda limitación se desvanece.
Ing. MSc. Michael Urtecho Medina.
Lima, Setiembre 2009.